Hace pocos días, cumplí 50 años. Todos me dicen 'parecés de 40', '¡¡no se te nota!'!... 'estás hecho un pibe!!'. Pura cháchara. Manga de fallutos, cuando era un pibe, nadie me decía 'estás hecho un pibe'. Cuando te dicen que estás hecho un pibe, ya estás frito.

Frente al ocaso final, el único honesto fue mi médico. Para mi cumple, me regaló una orden para hacerme endoscopía, colonoscopía, ecostress, placa de tórax, tomografía completa y el broche final: 'te me vás de paseo a lo del proctólogo'. La verdad, creo que prefiero la muerte.

A propósito, estuve meditando sobre este asuntito del proctólogo y comprendí que lo complicado no es la cuestión técnica en sí, sino la humillación. El problema no son sus dedos, sino sus ojos. El tipo te mira, sabe quien sos y lo que va a hacerte. Por eso se me ocurrió que, así como el doctor usa guantes descartables, los pacientes deberíamos llegar al consultorio con capucha. Yo se que es un poco raro subir al ascensor encapuchado. Pero lo otro es mucho peor. Imagínense si un par de días después, te encontrás al médico en un restaurante almorzando con su familia. El tipo te mira y te dice: '¿como le va?' mientras sus hijos y esposa cuchichean conteniendo la risa. La capucha, indudablemente, es la única manera de evitar la humillación. Mientras no te ven la cara, no hay daño. Bah, más o menos. No?